DEVOLVER LA FE A PESCAÍTO



Por Carlos Vives



Pescaíto es un barrio que ha estado en mis sueños toda la vida. Y no solo en los míos, sino en los de muchos colombianos que amamos lo que este lugar nos ha dado, algo que se puede resumir en una palabra sencilla: Fe. Fe en lo nuestro, fe en que somos capaces de lo mejor, fe en que hay algo que nos hace distintos, fe en que podemos llevar con orgullo la marca de nuestra localidad, fe en que la historia nos da la fuerza para construir el futuro…​​





Hay muchas historias sobre la historia. Los orígenes de Pescaíto se remontan a las primeras décadas del siglo XX. El nombre pudo derivar de las mujeres Tagangueras que cruzaban el cerro para vender pescado en los puestos de la ciudad. O de los muchos pececitos que dejaba la marea tendidos sobre las salinas inundables que había en la parte baja, cerca al mar de la bahía. Pero este barrio, como hoy lo conocemos, nació con el Puerto, pues el poblamiento de la parte baja fue una especie de respuesta social al establecimiento de este tipo de industria.


Y por el Puerto llegó el balón… Entonces, al contacto con los pescadores, se forjó la magia de un estilo. La fuerza de piernas y la estabilidad que se requieren para lanzar la red sobre la canoa, al vaivén de las olas, definen los movimientos del más puro estilo samario de jugar al fútbol. Aquí se han forjado muchas de las más grandes glorias del fútbol colombiano…


Miren al Pibe, sus brazos al aire equilibrando las piernas, como si estuviera montando las olas. Miren a Falcao, agazapado en la fortaleza de sus muslos para saltar sobre la presa que es el balón en el área. Miren a Henríquez, protegiendo la posesión con todo su cuerpo anclado en las piernas. Miren al Didi, driblando rivales como un cayuko veloz entre las olas. Miren al gran Alfredo Arango, la mezcla todo eso y mucho más…


Todos ellos brotaron casi mágicamente, de manera natural, sin apoyo, sin un método distinto que la pasión y el hambre de gloria. ¿Qué hubiera pasado si ellos hubieran podido sumar a su pasión y a su talento natural los mejores recursos y las mejores oportunidades? ¿Qué pasaría si los niños que hoy crecen en este barrio pudieran hacerlo?


Hoy, siento que es el momento de devolverle a Pescaíto un poquito de eso que nos dejó a través de los años. Porque este barrio, que vive de manera especial en nuestra memoria y en nuestro corazón, merece que le devolvamos la fe. En el marco de nuestra Iniciativa, trabajamos junto a la comunidad para redescubrir la esencia de Pescaíto y construir a partir de sus raíces el lugar que siempre ha debido ser. Soñamos y, cada día, nuestros sueños están más cerca. Seguimos Tras La Perla…